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Introducciónntroducciónomeopatía veterinaria

©Dr. Juan Agustín Gómez ©Ediciones Ánima


Tratando al paciente y no a la enfermedad.

A modo de presentación.
La consideración del paciente como un ser único e inédito, con un origen y un destino, es decir, un ser con una razón y una finalidad para existir y, por lo tanto, portador de un conflicto existencial particular (individual) que el médico debe comprender, es un concepto perdido en la oscuridad de los tiempos que acompañaron a los comienzos de la modernidad. El mismo racionalismo incipiente que persiguió a Paracelso, exactamente en el primer siglo de esta era y alcanzó su expresión cumbre en René Descartes un siglo después, representa el fundamento histórico de una medicina mecanicista contra la cual se rebelará, cuando nacía el sigo XIX, Samuel Hahnemann, creador de la Homeopatía.

Si bien no es éste el lugar adecuado, ni tenemos la intención de hacer un repaso de la historia de la filosofía y sus manifestaciones en las diferentes ramas del conocimiento incluyendo, necesariamente, la medicina, debemos recordar que una buena parte de los males que hoy nos aquejan tienen su origen en la aplicación sistemática y casi ciega de los dogmas cartesianos:

§ Racionalismo: El pensamiento humano como única verdad verificable y, por lo tanto la negación de un mundo real fuera del que piensa.
§ Dualismo: La división y distinción entre la razón o espíritu inteligente y el organismo, considerando al cuerpo como una máquina de alta perfección independiente de aquel principio espiritual.
§ Analizar, simplificar, enumerar: La división del objeto (idea o cosa) a conocer, en tantos fragmentos como fueran necesarios para arribar a su conocimiento, lo que en medicina condujo al desarrollo y multiplicación de las especialidades, cada vez más alejadas de comprender al ser humano como una unidad y, en la metodología científica, a valorizar la cantidad por encima de la cualidad, al número más que al individuo, dando más importancia a lo cuantitativo por sobre lo cualitativo. Y, lo que más nos interesa aquí a nosotros, la consideración de los animales como máquinas, autómatas CARENTES DE RAZÓN, SIN CONCIENCIA DE SU PROPIA EXISTENCIA, ES DECIR SERES SIN ALMA Y POR LO TANTO, SIN CAPACIDAD DE DISFRUTE, y de SUFRIMIENTO Y DOLOR.

Hoy, en los comienzos del siglo XXI, la humanidad se halla transitando una mueva crisis, esa mezcla de caos y oportunidad que caracteriza al período de transición entre una época y otra. Esta crisis, que podría resumirse como la crisis del racionalismo cartesiano, homocéntrico, se manifiesta entre otras cosas, por la recuperación de la conciencia de que existe un mundo real allá afuera, en el cual otros seres valiosos y respetables nos acompañan y que la vida es un fenómeno maravilloso y misterioso que trasciende nuestra existencia humana. Casi como un gran macro-organismo del cual somos apenas una de sus partes, siendo indispensable para su conservación que cuidemos toda manifestación de vida como si fuera la propia.

La reactivación del sentimiento religioso; la búsqueda de caminos alternativos para satisfacer la necesidad de respuestas a los interrogantes espirituales, no satisfechos por las grandes religiones institucionalizadas ni por los más exquisitos avances de la ciencia oficializada; el requerimiento cada vez mayor de nuevas formas de medicina; la preocupación por el cuidado del medio en el cual vivimos; la recuperación de la idea de un DIOS trascendente, al mismo tiempo razón y explicación del mundo, un DIOS MISERICORDIOSO, origen y fuente de esa energía creadora, sostenedora y unificadora que llamamos AMOR, conforman el cuadro de la situación en la cual estamos inmersos y que Hahnemann anticipara 200 años atrás, dejándonos como herencia una medicina para la nueva era.

Esta medicina, la HOMEOPATÍA, no es una alternativa terapéutica para las enfermedades tales como las concibe la medicina corriente, sino UNA MEDICINA DIFERENTE. Una medicina con características propias que se ha desarrollado a partir de una Doctrina fundamentada en leyes naturales, que a su vez han sido observadas desde una concepción filosófica particular. Una medicina que posee un método científico para comprobar la acción de los medicamentos que utiliza, y una técnica precisa para el diagnóstico, pronóstico, tratamiento y seguimiento de la evolución de los pacientes.

Toda la estructura doctrinaria de la Medicina Homeopática está fundamentada en tres elementos:

1) LA LEY DE LOS SEMEJANTES (Similia Similibus Curentur). Las enfermedades pueden curarse mediante sustancias capaces de producir, en un sujeto sano, síntomas semejantes a los que, espontáneamente, presenta el paciente.
2) EL MÉTODO EXPERIMENTAL ( La experimentación de los medicamentos en el hombre sano). Las sustancias medicamentosas son probadas en experimentadores sanos, siguiendo una rigurosa metodología, con el fin de conocer la naturaleza de su acción, y aplicarlos luego según la Ley.
3) EL VITALISMO.(Base filosófica sobre la que se construyó toda la estructura doctrinaria). Esta corriente de pensamiento en medicina y biología contiene, básicamente los siguientes conceptos: a) La existencia en todo ser vivo de un PRINCIPIO VITAL inmaterial (Fuerza Vital. Alma. Forma. Sustancia Simple), que anima al cuerpo material (Organismo) y que conforma con éste una unidad indisoluble, un compuesto substancial. b) El concepto de DINAMISMO. c) El concepto de FINALISMO (propósito). d) El concepto de TOTALIDAD TOTALIZANTE. e) El concepto de UNICIDAD. f) El concepto de INDIVIDUALIDAD.

En los hechos prácticos, estos elementos filosófico-doctrinarios se traducen en los rasgos característicos de la medicina Hahnemanniana: ¿ Qué es lo que entendemos por ENFERMEDAD, SALUD y CURACIÓN? ¿De qué manera consideramos al ENFERMO? ¿En qué consiste la TERAPÉUTICA (Los medicamentos y la forma de usarlos)?

LA ENFERMEDAD es un estado de desarmonía dinámica de la parte inmaterial del ser, una alteración de la Fuerza Vital (Alma o Principio Vital). Es decir cambios sutiles, no materiales en la manera de ser del sujeto enfermo, una forma diferente de existencia, caracterizada por la pérdida de la libertad y la persecución de metas distintas de las naturales a su especie, y que se manifiesta por alteraciones en las sensaciones, los sentimientos, la conducta, las funciones y las estructuras, ocasionando sufrimiento y dolor.

LA SALUD es un estado de armonía de esa Fuerza Vita,l que permite una maravillosa operación de todos los componentes del ser vivo, considerado como una unidad, en la cual todas las facultades (sentimientos, sensaciones, funciones y acciones) están a su disposición para ser utilizadas libremente en el camino hacia su finalidad existencial.

LA CURACIÓN es el proceso por el cual el paciente pasa de la enfermedad a la salud de una manera rápida, suave y permanente. Este proceso es perfectamente identificable porque se desarrolla siguiendo leyes precisas, lo que facilita al terapeuta el seguimiento de la evolución de su paciente.

EL ENFERMO es un ser único, inédito, irrepetible, un individuo con un origen, un destino y una razón para existir. Una totalidad, una unidad indivisible, un compuesto de alma y cuerpo cuya vida, tanto en salud como en enfermedad, se manifiesta en sus sentimientos, sus funciones y su conducta simultáneamente, a pesar de que en algún momento sus disturbios se hagan especialmente notables en uno o varios aspectos de sus emociones, su comportamiento o su cuerpo. Lo que la medicina convencional llama enfermedad es, para el homeópata, sólo una manifestación local, actual y parcial de la ENFERMEDAD DINÁMICA que el paciente está padeciendo en su totalidad psicofísica e histórica representando, la así llamada enfermedad, nada más que los intentos a menudo infructuosos de la vis medicatrix naturae (impulso curativo natural) para restablecer la salud.

LA TERAPÉUTICA HOMEOPÁTICA consiste en el uso de sustancias de origen mineral, vegetal o animal sometidas a un proceso, propio de la homeopatía, llamado dinamización por el cual, mediante la trituración manual (con lactosa), la dilución (en agua destilada y alcohol) y la sucusión (sacudidas fuertes y rítmicas de las diluciones) se extrae la capacidad curativa de la sustancia, poniéndola en vigencia cuando son naturalmente inactivas (sílice, carbón, sal marina) y separándola de sus efectos nocivos cuando son tóxicas (arsénico, plomo, estramonio). Estas sustancias, trasformadas así en medicamento, son administradas al paciente siguiendo la Ley de los Semejantes, comparando los síntomas característicos de cada caso en particular con los que se conocen, como capacidad terapéutica de la sustancia, a través de la patogenesia (experimentación en sujetos clínicamente sanos).

La aplicación correcta de la técnica homeopática nos permite, cuando administramos al paciente un medicamento perfectamente adaptado a su individualidad, presenciar la total desaparición se sus síntomas, lo que significa una completa y verdadera curación en los curables y la mejor paliación en los enfermos con patologías irreversibles.

El hecho de que el Principio Vital, llamado Fuerza Vital por Hahnemann, Forma o Alma por Aristóteles, se encuentre presente en todos los seres vivos, nos ha dado la posibilidad de aplicar todos estos principios al cuidado de nuestros hermanos, los animalitos. La única exigencia consiste en la necesidad de estudiar la fisiología y la fisiopatología del Alma (tema que por ahora no es tratado, que yo sepa, en ninguna Facultad de Veterinaria del mundo) y conocer perfectamente la naturaleza de la especie a la cual pertenece nuestro paciente.
Conociendo las funciones de las distintas facultades del alma animal, estudiando las alteraciones que en ella se producen por la acción experimental de cada medicamento probado, y adaptando la técnica homeopática a los requerimientos de cada especie en particular, todas las enfermedades, agudas o crónicas, graves o benignas, predominantemente psíquicas u orgánicas pueden ser tratadas por el método homeopático.

Pero, además de los beneficios alcanzables para cada paciente en particular, es conveniente resaltar:

1) La Homeopatía no necesita de la experimentación cruenta en animales.

2) La Homeopatía no utiliza drogas de elaboración industrial, artificial, tóxicas y/o contaminantes.

3) La homeopatía puede prescindir de vacunas y otros medios artificiales (en cuya investigación y elaboración se sacrifican innumerable cantidad de vidas) para la prevención de las llamadas enfermedades contagiosas.

4) La Homeopatía promueve terapéuticamente y favorece ideológicamente cambios en la actitud vital, tanto de los pacientes cuanto de los terapeutas, que ayudan a la construcción de un mundo mejor


ÁREAS DE ACCIÓN

ENFERMEDADES AGUDAS – NATURALES O ACCIDENTALES
Todo tipo de enfermedad puede tratarse con el Método Homeopático. Enfermedades agudas, de cualquier tipo, tóxicas o infecciosas, individuales o colectivas. Trastornos metabólicos e inmunológicos. Consecuencias de traumatismos, accidentales o quirúrgicos.
Es en muchos casos compatible con el uso simultáneo o alternado de metodología no homeopática.

LAS ALTERACIONES DEL COMPORTAMIENTO
Temor, ansiedad, inquietud, irritabilidad, cólera, tristeza, depresión, belicosidad, exaltación, envidia, celos, timidez, desobediencia, condescendencia, temeridad, intolerancia a la soledad, sensación de abandono, aversión a la compañía, malicia, vengatividad, destructividad, etc.

Todos los estados mentales, las particularidades de la conducta, las irregularidades del ánimo, las emociones, las pasiones, las fantasías que indiquen desequilibrio, desarmonía, y que provoquen sufrimiento al paciente y/o a su entorno pueden ser tratados con homeopatía, y en la gran mayoría de los casos con éxito, estén o no acompañados por alteraciones o trastornos físicos.

Más aún, aunque el motivo de la consulta o la causa del padecimiento del enfermo fuera una patología predominantemente física, el homeópata siempre investigará los distintos aspectos del comportamiento de su paciente, y no se quedará conforme con el resultado de su terapéutica mientras las alteraciones detectadas en ese área no se modifiquen. Como en todos los casos, también en este aspecto, los cambios esperados se producirán más o menos rápidamente dependiendo de la naturaleza del problema, del tipo de paciente, de las condiciones del entorno, de las circunstancias favorables o no y, sobre todo, de la indicación del medicamento apropiado en la potencia, la dosis y la frecuencia necesarias para cada individuo en particular.

Visto con los ojos de un homeópata, todo es conducta. Una de las características propias de todo ser vivo es la presencia de un propósito, una meta a alcanzar, una razón para existir. La palabra conducta contiene la idea de dirección, guía, camino. Es decir, el conjunto de acciones necesarias para alcanzar la meta. Por eso, tanto las alteraciones físicas cuanto los modificaciones del comportamiento son conducta, diferentes maneras de manifestar los esfuerzos realizados para alcanzar la meta propuesta. En cada síntoma, de cualquier tipo, está presente el propósito. Todo lo que un ser vivo hace, lo hace para algo. Por esa razón resultaría inútil y, en muchos casos, hasta perjudicial intentar corregir cualquier expresión de un ser vivo, sólo por considerarla síntoma de enfermedad, sin preguntarnos además del por qué, el PARA QUÉ de dicha expresión.

Una acción es la consecuencia de una pasión, un sentimiento que se manifiesta en alguna circunstancia. Por ejemplo: Temor a las tormentas. Acción: Temblores, búsqueda de compañía, deseo de esconderse en un lugar seguro, jadeo, inquietud, desasosiego. Circunstancia: Se acerca o se desató una tormenta. Otro ejemplo: Cólera por la contradicción: El perrito subió al sofá, la dueña le ordena bajar y el gruñe, intenta forzarlo y la muerde. Acción: Amenaza, muerde. Circunstancia: Se han opuesto a sus deseos. La búsqueda de protección es la acción resultante de la presencia del miedo. La agresión en la acción resultante de la presencia de la cólera.

Ahora bien, que un hecho externo, una circunstancia, genere un sentimiento determinado y la conducta correspondiente, no depende solamente de ese hecho sino también de la SUSCEPTIBILIDAD del protagonista, razón por la cual diferentes sujetos, en las mismas circunstancias, reaccionan de diferente manera. Esta es una de las claves del concepto de INDIVIDUALIDAD con que el homeópata se conduce, y la razón para que un animalito necesite sólo algunos cambios en el trato y algunos ejercicios de readaptación, otro sólo un medicamento homeopático, y otro las dos cosas.

ENFERMEDADES CRÓNICAS
Las enfermedades crónicas duran “toda la vida”. Según el criterio alopático son incurables y sólo es posible aliviar sus síntomas y postergar sus efectos, pero el paciente no dejará nunca de sufrirla y, en algunos casos, finalmente sucumbirá a su acción.

Para la homeopatía estas enfermedades (mejor dicho, estas entidades clínicas, ya que no son más que la consecuencia última de la verdadera enfermedad dinámica, inmaterial) son curables con la única condición de que el medicamento, el grado de dinamización y las dosis de ese medicamento sean perfectamente adecuadas a cada paciente en particular. Es decir, el tratamiento es siempre individual y particular siendo cada paciente único y diferente de cualquier otro, aunque padezca (aparentemente) la misma enfermedad. Eso hace que el tratamiento se verifique como un proceso que nos exigirá paciencia y tiempo. Estos requisitos han hecho que se difunda un concepto erróneo: “La homeopatía es lenta”. La homeopatía no es lenta. El medicamento homeopático actúa instantáneamente. Lo que se observa como lento o rápido es la reacción del organismo a la acción del medicamento y la velocidad de esta reacción depende de la naturaleza del paciente y de la enfermedad. Si la enfermedad es crónica, la evolución es lenta; si la enfermedad es aguda, la evolución es rápida; si la enfermedad es sobreaguda, la evolución es rapidísima. Esto es lo que nos permite saber de antemano qué es lo que debemos esperar de la acción del medicamento prescripto.

Todos los postulados homeopáticos, tanto técnicos cuanto filosóficos sucintamente expuestos en esta presentación, han sido repetidamente corroborados a lo largo de casi 30 años de práctica de la Homeopatía en la Clínica Veterinaria.

EL ESTUDIO DE LA HOMEOPATÍA

El estudio de la homeopatía no consiste en sumar información a la que ya tenemos.
Dado que la Medicina Homeopática es un sistema médico completo, como ya se ha dicho, no deberíamos considerarla un método terapéutico.

Si bien es posible, a veces necesario y de hecho bastante frecuente, el uso de los medicamentos homeopáticos con criterio exclusivamente nosológico, la única manera de obtener de ella los beneficios que promete es usándola desde el modelo de salud, enfermedad y curación que la sustenta y con la manera particular que tiene de comprender la naturaleza del ser viviente como una unidad psicofísica e histórica, portador de una identidad desde que nace hasta que muere. Es decir, como un individuo.

En el estudio de la Homeopatía se trata, en primer lugar, de modificar nuestro punto de vista. Cambiar nuestro modelo de pensamiento, nuestros esquemas referenciales. Ampliar nuestra capacidad de comprensión para integrar, junto a los conocimientos de anatomía, fisiología, fisiopatología, etc., etc., la dimensión dinámica, inmaterial, metafísica, presente como parte esencial de su naturaleza en todo ser VIVIENTE, tanto en salud cuanto en enfermedad.

La clave es afrontar el estudio con el conocimiento y la decisión de expandir nuestra área de observación de la compleja realidad con la que lidiamos cotidianamente, y pensar todo de nuevo.

Sin duda, el árbol que observamos desde el nivel del suelo y a un par de metros de distancia. es el mismo que miramos desde la azotea o alejándonos 40 o 50 metros. Sólo cambiamos la perspectiva, incorporamos el entorno y modificamos nuestra evaluación. Al ubicarlo en un contexto. reconocemos en él otra dimensión, la de su manera de relacionarse con los elementos del ambiente y su significado en cuanto partícipe de una realidad más amplia.

Estamos entrenados para estudiar partes aisladas de una totalidad indivisible. Nos habituamos a observar atentamente cada fotograma olvidando que lo que trascurre ante nuestros ojos es una película, con una historia, una trama, un comienzo, un desarrollo y una conclusión. En otra palabras. Tanto nos empeñamos en mirar el árbol que perdimos la capacidad de percibir el bosque.

Toda nuestra educación se construyó sobre el modelo racionalista-empirista-positivista.

Estudiamos una medicina materialista, mecanicista, en la cual sólo merecieron atención los fenómenos fisicoquímicos involucrados en las funciones y estructuras orgánicas. Analizamos los órganos y sistemas como si pudieran existir independientemente del “organismo”. Clasificamos las enfermedades como entidades independientes, aisladas del sujeto que las padece. Decidimos que todos los padecimientos tienen una causa externa desestimando el origen interno de la capacidad de enfermar. Como si los seres vivientes fueran cuerpos inertes totalmente a merced de las influencias del medio.

Como veterinarios jamás oímos hablar de fisiología y fisiopatología de las emociones en los animales. Los que nos preguntábamos sobre la existencia o no de un “alma” en los seres vivos no humanos, nos cuidamos muy bien de guardar esos interrogantes para evitar la burla de nuestros compañeros. Hasta que la pregunta, como tantas otras, fue archivada sin respuesta perdiéndose en el olvido. Curiosamente, en nombre de la ciencia. Cuando Ciencia significa libertad para formular todas la preguntas que surgen de los hechos y buscar, empeñosamente, las respuestas.

Ahora, los que nos interesamos en andar por caminos no habituales del conocimiento, debemos afrontar como primera medida, una dificultad: cambiar el programa operacional de nuestra mente por otro que nos permita procesar adecuadamente información nueva, originada y codificada desde un paradigma diferente.

Sé, por experiencia propia y por la de tantos compañeros de camino, que es posible. Y los resultados altamente satisfactorios.

Hace ya algunos años, cuando el profesor E. Hutter, por entonces titular de la Cátedra, me convocó a una reunión con los especialistas del Hospital de Clínica de Animales Pequeños, de la F.C.V de la U.B.A, con la finalidad de incorporar la Homeopatía a los servicios del Hospital, la pregunta que me hicieron fue la siguiente: “¿Cuales son los pacientes que podríamos derivar a tu servicio?”. Y mi respuesta: “Todos aquéllos que no tengan un diagnóstico o un tratamiento satisfactorio conocido”. Con la Medicina Homeopática podemos encarar todo tipo de paciente y enfermedad pero, si debiéramos ocuparnos solamente de cubrir las insuficiencias de los métodos habitualmente utilizados, sería, creo, un gran servicio para quienes nos necesiten.

2005

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