En los hechos prácticos, estos elementos filosófico-doctrinarios
se traducen en los rasgos característicos de la medicina
Hahnemanniana: ¿ Qué es lo que entendemos
por ENFERMEDAD, SALUD y CURACIÓN? ¿De qué
manera consideramos al ENFERMO? ¿En qué consiste
la TERAPÉUTICA (Los medicamentos y la forma de usarlos)?
LA ENFERMEDAD es un estado de desarmonía dinámica
de la parte inmaterial del ser, una alteración de
la Fuerza Vital (Alma o Principio Vital). Es decir cambios
sutiles, no materiales en la manera de ser del sujeto enfermo,
una forma diferente de existencia, caracterizada por la
pérdida de la libertad y la persecución de
metas distintas de las naturales a su especie, y que se
manifiesta por alteraciones en las sensaciones, los sentimientos,
la conducta, las funciones y las estructuras, ocasionando
sufrimiento y dolor.
LA SALUD es un estado de armonía de esa Fuerza Vita,l
que permite una maravillosa operación de todos los
componentes del ser vivo, considerado como una unidad, en
la cual todas las facultades (sentimientos, sensaciones,
funciones y acciones) están a su disposición
para ser utilizadas libremente en el camino hacia su finalidad
existencial.
LA CURACIÓN es el proceso por el cual el paciente
pasa de la enfermedad a la salud de una manera rápida,
suave y permanente. Este proceso es perfectamente identificable
porque se desarrolla siguiendo leyes precisas, lo que facilita
al terapeuta el seguimiento de la evolución de su
paciente.
EL ENFERMO es un ser único, inédito, irrepetible,
un individuo con un origen, un destino y una razón
para existir. Una totalidad, una unidad indivisible, un
compuesto de alma y cuerpo cuya vida, tanto en salud como
en enfermedad, se manifiesta en sus sentimientos, sus funciones
y su conducta simultáneamente, a pesar de que en
algún momento sus disturbios se hagan especialmente
notables en uno o varios aspectos de sus emociones, su comportamiento
o su cuerpo. Lo que la medicina convencional llama enfermedad
es, para el homeópata, sólo una manifestación
local, actual y parcial de la ENFERMEDAD DINÁMICA
que el paciente está padeciendo en su totalidad psicofísica
e histórica representando, la así llamada
enfermedad, nada más que los intentos a menudo infructuosos
de la vis medicatrix naturae (impulso curativo natural)
para restablecer la salud.
LA TERAPÉUTICA HOMEOPÁTICA consiste en el
uso de sustancias de origen mineral, vegetal o animal sometidas
a un proceso, propio de la homeopatía, llamado dinamización
por el cual, mediante la trituración manual (con
lactosa), la dilución (en agua destilada y alcohol)
y la sucusión (sacudidas fuertes y rítmicas
de las diluciones) se extrae la capacidad curativa de la
sustancia, poniéndola en vigencia cuando son naturalmente
inactivas (sílice, carbón, sal marina) y separándola
de sus efectos nocivos cuando son tóxicas (arsénico,
plomo, estramonio). Estas sustancias, trasformadas así
en medicamento, son administradas al paciente siguiendo
la Ley de los Semejantes, comparando los síntomas
característicos de cada caso en particular con los
que se conocen, como capacidad terapéutica de la
sustancia, a través de la patogenesia (experimentación
en sujetos clínicamente sanos).
La aplicación correcta de la técnica homeopática
nos permite, cuando administramos al paciente un medicamento
perfectamente adaptado a su individualidad, presenciar la
total desaparición se sus síntomas, lo que
significa una completa y verdadera curación en los
curables y la mejor paliación en los enfermos con
patologías irreversibles.
El hecho de que el Principio Vital, llamado Fuerza Vital
por Hahnemann, Forma o Alma por Aristóteles, se encuentre
presente en todos los seres vivos, nos ha dado la posibilidad
de aplicar todos estos principios al cuidado de nuestros
hermanos, los animalitos. La única exigencia consiste
en la necesidad de estudiar la fisiología y la fisiopatología
del Alma (tema que por ahora no es tratado, que yo sepa,
en ninguna Facultad de Veterinaria del mundo) y conocer
perfectamente la naturaleza de la especie a la cual pertenece
nuestro paciente.
Conociendo las funciones de las distintas facultades del
alma animal, estudiando las alteraciones que en ella se
producen por la acción experimental de cada medicamento
probado, y adaptando la técnica homeopática
a los requerimientos de cada especie en particular, todas
las enfermedades, agudas o crónicas, graves o benignas,
predominantemente psíquicas u orgánicas pueden
ser tratadas por el método homeopático.
Pero, además de los beneficios alcanzables para
cada paciente en particular, es conveniente resaltar:
1) La Homeopatía no necesita de la experimentación
cruenta en animales.
2) La Homeopatía no utiliza drogas de elaboración
industrial, artificial, tóxicas y/o contaminantes.
3) La homeopatía puede prescindir de vacunas y otros
medios artificiales (en cuya investigación y elaboración
se sacrifican innumerable cantidad de vidas) para la prevención
de las llamadas enfermedades contagiosas.
4) La Homeopatía promueve terapéuticamente
y favorece ideológicamente cambios en la actitud
vital, tanto de los pacientes cuanto de los terapeutas,
que ayudan a la construcción de un mundo mejor
ÁREAS DE ACCIÓN
ENFERMEDADES AGUDAS – NATURALES O ACCIDENTALES
Todo tipo de enfermedad puede tratarse con el Método
Homeopático. Enfermedades agudas, de cualquier tipo,
tóxicas o infecciosas, individuales o colectivas.
Trastornos metabólicos e inmunológicos. Consecuencias
de traumatismos, accidentales o quirúrgicos.
Es en muchos casos compatible con el uso simultáneo
o alternado de metodología no homeopática.
LAS ALTERACIONES DEL COMPORTAMIENTO
Temor, ansiedad, inquietud, irritabilidad, cólera,
tristeza, depresión, belicosidad, exaltación,
envidia, celos, timidez, desobediencia, condescendencia,
temeridad, intolerancia a la soledad, sensación de
abandono, aversión a la compañía, malicia,
vengatividad, destructividad, etc.
Todos los estados mentales, las particularidades de la
conducta, las irregularidades del ánimo, las emociones,
las pasiones, las fantasías que indiquen desequilibrio,
desarmonía, y que provoquen sufrimiento al paciente
y/o a su entorno pueden ser tratados con homeopatía,
y en la gran mayoría de los casos con éxito,
estén o no acompañados por alteraciones o
trastornos físicos.
Más aún, aunque el motivo de la consulta
o la causa del padecimiento del enfermo fuera una patología
predominantemente física, el homeópata siempre
investigará los distintos aspectos del comportamiento
de su paciente, y no se quedará conforme con el resultado
de su terapéutica mientras las alteraciones detectadas
en ese área no se modifiquen. Como en todos los casos,
también en este aspecto, los cambios esperados se
producirán más o menos rápidamente
dependiendo de la naturaleza del problema, del tipo de paciente,
de las condiciones del entorno, de las circunstancias favorables
o no y, sobre todo, de la indicación del medicamento
apropiado en la potencia, la dosis y la frecuencia necesarias
para cada individuo en particular.
Visto con los ojos de un homeópata, todo es conducta.
Una de las características propias de todo ser vivo
es la presencia de un propósito, una meta a alcanzar,
una razón para existir. La palabra conducta contiene
la idea de dirección, guía, camino. Es decir,
el conjunto de acciones necesarias para alcanzar la meta.
Por eso, tanto las alteraciones físicas cuanto los
modificaciones del comportamiento son conducta, diferentes
maneras de manifestar los esfuerzos realizados para alcanzar
la meta propuesta. En cada síntoma, de cualquier
tipo, está presente el propósito. Todo lo
que un ser vivo hace, lo hace para algo. Por esa razón
resultaría inútil y, en muchos casos, hasta
perjudicial intentar corregir cualquier expresión
de un ser vivo, sólo por considerarla síntoma
de enfermedad, sin preguntarnos además del por qué,
el PARA QUÉ de dicha expresión.
Una acción es la consecuencia de una pasión,
un sentimiento que se manifiesta en alguna circunstancia.
Por ejemplo: Temor a las tormentas. Acción: Temblores,
búsqueda de compañía, deseo de esconderse
en un lugar seguro, jadeo, inquietud, desasosiego. Circunstancia:
Se acerca o se desató una tormenta. Otro ejemplo:
Cólera por la contradicción: El perrito subió
al sofá, la dueña le ordena bajar y el gruñe,
intenta forzarlo y la muerde. Acción: Amenaza, muerde.
Circunstancia: Se han opuesto a sus deseos. La búsqueda
de protección es la acción resultante de la
presencia del miedo. La agresión en la acción
resultante de la presencia de la cólera.
Ahora bien, que un hecho externo, una circunstancia, genere
un sentimiento determinado y la conducta correspondiente,
no depende solamente de ese hecho sino también de
la SUSCEPTIBILIDAD del protagonista, razón por la
cual diferentes sujetos, en las mismas circunstancias, reaccionan
de diferente manera. Esta es una de las claves del concepto
de INDIVIDUALIDAD con que el homeópata se conduce,
y la razón para que un animalito necesite sólo
algunos cambios en el trato y algunos ejercicios de readaptación,
otro sólo un medicamento homeopático, y otro
las dos cosas.
ENFERMEDADES CRÓNICAS
Las enfermedades crónicas duran “toda la vida”.
Según el criterio alopático son incurables
y sólo es posible aliviar sus síntomas y postergar
sus efectos, pero el paciente no dejará nunca de
sufrirla y, en algunos casos, finalmente sucumbirá
a su acción.
Para la homeopatía estas enfermedades (mejor dicho,
estas entidades clínicas, ya que no son más
que la consecuencia última de la verdadera enfermedad
dinámica, inmaterial) son curables con la única
condición de que el medicamento, el grado de dinamización
y las dosis de ese medicamento sean perfectamente adecuadas
a cada paciente en particular. Es decir, el tratamiento
es siempre individual y particular siendo cada paciente
único y diferente de cualquier otro, aunque padezca
(aparentemente) la misma enfermedad. Eso hace que el tratamiento
se verifique como un proceso que nos exigirá paciencia
y tiempo. Estos requisitos han hecho que se difunda un concepto
erróneo: “La homeopatía es lenta”.
La homeopatía no es lenta. El medicamento homeopático
actúa instantáneamente. Lo que se observa
como lento o rápido es la reacción del organismo
a la acción del medicamento y la velocidad de esta
reacción depende de la naturaleza del paciente y
de la enfermedad. Si la enfermedad es crónica, la
evolución es lenta; si la enfermedad es aguda, la
evolución es rápida; si la enfermedad es sobreaguda,
la evolución es rapidísima. Esto es lo que
nos permite saber de antemano qué es lo que debemos
esperar de la acción del medicamento prescripto.
Todos los postulados homeopáticos, tanto técnicos
cuanto filosóficos sucintamente expuestos en esta
presentación, han sido repetidamente corroborados
a lo largo de casi 30 años de práctica de
la Homeopatía en la Clínica Veterinaria.
EL ESTUDIO DE LA HOMEOPATÍA
El estudio de la homeopatía no consiste en sumar
información a la que ya tenemos.
Dado que la Medicina Homeopática es un sistema médico
completo, como ya se ha dicho, no deberíamos considerarla
un método terapéutico.
Si bien es posible, a veces necesario y de hecho bastante
frecuente, el uso de los medicamentos homeopáticos
con criterio exclusivamente nosológico, la única
manera de obtener de ella los beneficios que promete es
usándola desde el modelo de salud, enfermedad y curación
que la sustenta y con la manera particular que tiene de
comprender la naturaleza del ser viviente como una unidad
psicofísica e histórica, portador de una identidad
desde que nace hasta que muere. Es decir, como un individuo.
En el estudio de la Homeopatía se trata, en primer
lugar, de modificar nuestro punto de vista. Cambiar nuestro
modelo de pensamiento, nuestros esquemas referenciales.
Ampliar nuestra capacidad de comprensión para integrar,
junto a los conocimientos de anatomía, fisiología,
fisiopatología, etc., etc., la dimensión dinámica,
inmaterial, metafísica, presente como parte esencial
de su naturaleza en todo ser VIVIENTE, tanto en salud cuanto
en enfermedad.
La clave es afrontar el estudio con el conocimiento y la
decisión de expandir nuestra área de observación
de la compleja realidad con la que lidiamos cotidianamente,
y pensar todo de nuevo.
Sin duda, el árbol que observamos desde el nivel
del suelo y a un par de metros de distancia. es el mismo
que miramos desde la azotea o alejándonos 40 o 50
metros. Sólo cambiamos la perspectiva, incorporamos
el entorno y modificamos nuestra evaluación. Al ubicarlo
en un contexto. reconocemos en él otra dimensión,
la de su manera de relacionarse con los elementos del ambiente
y su significado en cuanto partícipe de una realidad
más amplia.
Estamos entrenados para estudiar partes aisladas de una
totalidad indivisible. Nos habituamos a observar atentamente
cada fotograma olvidando que lo que trascurre ante nuestros
ojos es una película, con una historia, una trama,
un comienzo, un desarrollo y una conclusión. En otra
palabras. Tanto nos empeñamos en mirar el árbol
que perdimos la capacidad de percibir el bosque.
Toda nuestra educación se construyó sobre
el modelo racionalista-empirista-positivista.
Estudiamos una medicina materialista, mecanicista, en la
cual sólo merecieron atención los fenómenos
fisicoquímicos involucrados en las funciones y estructuras
orgánicas. Analizamos los órganos y sistemas
como si pudieran existir independientemente del “organismo”.
Clasificamos las enfermedades como entidades independientes,
aisladas del sujeto que las padece. Decidimos que todos
los padecimientos tienen una causa externa desestimando
el origen interno de la capacidad de enfermar. Como si los
seres vivientes fueran cuerpos inertes totalmente a merced
de las influencias del medio.
Como veterinarios jamás oímos hablar de fisiología
y fisiopatología de las emociones en los animales.
Los que nos preguntábamos sobre la existencia o no
de un “alma” en los seres vivos no humanos,
nos cuidamos muy bien de guardar esos interrogantes para
evitar la burla de nuestros compañeros. Hasta que
la pregunta, como tantas otras, fue archivada sin respuesta
perdiéndose en el olvido. Curiosamente, en nombre
de la ciencia. Cuando Ciencia significa libertad para formular
todas la preguntas que surgen de los hechos y buscar, empeñosamente,
las respuestas.
Ahora, los que nos interesamos en andar por caminos no
habituales del conocimiento, debemos afrontar como primera
medida, una dificultad: cambiar el programa operacional
de nuestra mente por otro que nos permita procesar adecuadamente
información nueva, originada y codificada desde un
paradigma diferente.
Sé, por experiencia propia y por la de tantos compañeros
de camino, que es posible. Y los resultados altamente satisfactorios.
Hace ya algunos años, cuando el profesor E. Hutter,
por entonces titular de la Cátedra, me convocó
a una reunión con los especialistas del Hospital
de Clínica de Animales Pequeños, de la F.C.V
de la U.B.A, con la finalidad de incorporar la Homeopatía
a los servicios del Hospital, la pregunta que me hicieron
fue la siguiente: “¿Cuales son los pacientes
que podríamos derivar a tu servicio?”. Y mi
respuesta: “Todos aquéllos que no tengan un
diagnóstico o un tratamiento satisfactorio conocido”.
Con la Medicina Homeopática podemos encarar todo
tipo de paciente y enfermedad pero, si debiéramos
ocuparnos solamente de cubrir las insuficiencias de los
métodos habitualmente utilizados, sería, creo,
un gran servicio para quienes nos necesiten.