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El Ser y la homeopatía

©Dr. Juan Agustín Gómez. © 2006 Ediciones Ánima.


La medicina homeopática puede ocuparse de la enfermedad, aguda o crónica, grave o leve, natural o accidental. Puede ocuparse de todo lo que le sucede al cuerpo de los pacientes. Y de hecho lo hace. Pero eso no es todo lo que la Homeopatía puede hacer.

La homeopatía puede ayudar a resolver también estados emocionales, ocasionales o permanentes, recientes o antiguos. Puede, de esta manera, favorecer la corrección de alteraciones del comportamiento que, cuando afectan a nuestros animales, dificultan la convivencia, nos privan del placer de su compañía y nos muestran el sufrimiento interno de nuestro compañero no humano.

Una medicina capaz de tratar el ALMA de los pacientes, equilibrando sus emociones, armonizando sus sensaciones y regularizando sus funciones es un instrumento poderoso para liberar a cada paciente -sin importar la especie a la que pertenezca-, de sus sufrimientos, tanto físicos como psíquicos, permitiendo así la manifestación plena de su SER verdadero, contribuyendo al total desarrollo de sus potencialidades vitales. El perro podrá ser plenamente perro, el gato plenamente gato, y así para todas las especies.

Cada uno, desde ese lugar de equilibrio, de armonía, tendrá a su disposición toda su capacidad de adaptación a las circunstancias cambiantes de la vida. Tales circunstancias, a veces conformadas por el SER HUMANO, voluntaria o involuntariamente, con mayor o menor conciencia, como consecuencia de la relación directa con su COMPAÑERO NO HUMANO, o debidas a la incomprensión de la sociedad en la cual a este ser indefenso le toca vivir, podrían ser factores desencadenantes de enfermedades cuando la capacidad natural de adaptación no estuviera funcionando adecuadamente.

El médico homeópata (o el médico veterinario homeópata) tiene a su disposición las herramientas técnicas para detectar y tratar las predisposiciones antes de presentarse las enfermedades o, una vez presentes, tratarlas modificando ese terreno predisponente, esa tendencia, esa susceptibilidad de la cual la enfermedad presente es sólo la última consecuencia.

Para ello el médico veterinario homeópata necesita conocer profundamente la naturaleza de la especie a la cual pertenece su paciente, para detectar los comportamientos inadecuados, descubrir sus causas y comprender cuáles son las emociones o sensaciones que los ocasionan, para así poder elegir el medicamento apropiado para cada caso y luego evaluar correctamente su evolución.

De esta manera la Homeopatía cura y previene. Favorece la recuperación de la salud y ayuda a mantenerla, promoviendo un estado de armonía, bienestar y felicidad duraderos, dando al individuo la libertad que necesita para dedicarse a desarrollar plenamente las potencialidades de su vida.

Por eso podemos decir que la Homeopatía, más allá del cuerpo, más allá de las emociones y de las sensaciones, es una MEDICINA del SER, o mejor una MEDICINA PARA el SER aplicable a cualquier especie animal, HUMANA O NO.

Quien, como veterinario, ha comprendido los alcances de la medicina homeopática aplicada al tratamiento de nuestros hermanos no humanos, difícilmente se preste a emplear el conocimiento adquirido para beneficio de quienes lucran con el sufrimiento de seres indefensos.

Ya experimenté esa función.

En los comienzos de mi práctica como homeópata fui el “veterinario de moda”entre los criadores de perros de Buenos Aires y alrededores. Gracias a Dios, las modas pasan y los animales tenemos la capacidad de aprender con la experiencia. Durante más de un año traté, homeopáticamente, a los animales de un tambo en la provincia de Buenos Aires. La presentación de abortos y retenciones placentarias disminuyó, la mortandad de terneros precozmente destetados fue menor, se redujeron las infecciones podales y las mastitis, y el uso de antibióticos, antisépticos y otros productos veterinarios se redujo notablemente. La calidad de la leche producida mejoró mucho, por ausencia de sustancias indeseables, y con ella el precio de venta obtenido por el tambero. Al parecer, un éxito total. Sin embargo, no continué con ese tipo de trabajo.

La búsqueda por parte del público consumidor de alimentos “orgánicos”, libres de contaminantes, tantas veces con un alto precio de mercado para un presupuesto medio, en relación a los no orgánicos, ha hecho que la homeopatía sea cada vez más buscada por los productores agropecuarios, como alternativa médica para el control sanitario de sus establecimientos, mejorando así sus posibilidades de lucro. Como consecuencia, los veterinarios buscan y las escuelas ofrecen los conocimientos necesarios para realizar ese trabajo. La mayoría de los colegas van detrás de la posibilidad de obtener una manera de ejercer su profesión que le asegure una estabilidad financiera y, cuando descubren el tesoro de la “medicina alternativa”, no quieren quedar fuera de esa tendencia.

Cuando pienso en esta realidad no puedo dejar de recordar la impresión (fuerte y desagradable) que me causó el comentario oído de boca de un médico aspirante a homeópata.

Corría el mes de diciembre de 1972. La ceremonia de cierre del primer año del curso de la recientemente inaugurada Escuela Media Homeopática Argentina coincidió con un homenaje al Dr. Tomás Pablo Paschero quien, concluyendo su período como Presidente de la Liga Médico Homeopática Internacional, había sido nombrado Presidente Honorario de dicha institución. Todos los alumnos de ese primer año de la escuela concurrimos a la cena que se desarrolló en el Plaza Hotel de la ciudad de Buenos Aires. Terminado el evento nos retirábamos del lugar y, saliendo por el vestíbulo del hotel, pasamos junto a las vidrieras de la famosa joyería Ricchiardi. Fue entonces cuando oí el comentario que uno de mis compañeros de clase, médico, le hizo a su mujer: “Podés ir eligiendo la joya que voy a comprarte cuando sea homeópata”. Aquel compañero de clase no terminó el curso. Debió haber descubierto otras formas más rápidas y eficientes de ganar dinero fácilmente. Tal vez en otra escuela que le enseñase a usar la homeopatía con esos fines. No tuve más noticias de él. Ni las necesito.

Yo no podría usar los instrumentos de la Homeopatía dándoles un cierto “bienestar”a mis pacientes para beneficio de sus explotadores. Me sentiría como uno de esos médicos, al servicio de gobiernos autoritarios y represores, que se ocupan de mantener vivos a los prisioneros torturados, y los curan y alivian con el fin de que pueda obtenerse de ellos la mayor cantidad posible de información.

El bien y el mal se refieren a la vida misma. La conducta que contribuye a alcanzar las metas naturales propias de un organismo es recta; la que lo impide es mala.
La sanción a la mala conducta biológica es el dolor. No conseguir las metas morales y espirituales que la experiencia de la especie considera más elevadas, acarrea las formas más sutiles de pesadumbre y dolor.
En el plano moral, es bueno cuanto ayuda a realizar más plenamente las posibilidades de la vida, y malo cuanto lo estorba. (Edmund Sinnott. La biología del Espíritu).

“Primero no hacer daño.” ( Hipócrates).

2006

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