
La medicina homeopática puede ocuparse
de la enfermedad, aguda o crónica, grave o leve,
natural o accidental. Puede ocuparse de todo lo que le sucede
al cuerpo de los pacientes. Y de hecho lo hace. Pero eso
no es todo lo que la Homeopatía puede hacer.
La homeopatía puede ayudar a resolver
también estados emocionales, ocasionales o permanentes,
recientes o antiguos. Puede, de esta manera, favorecer la
corrección de alteraciones del comportamiento que,
cuando afectan a nuestros animales, dificultan la convivencia,
nos privan del placer de su compañía y nos muestran
el sufrimiento interno de nuestro compañero no humano.
Una medicina capaz de tratar el ALMA de los
pacientes, equilibrando sus emociones, armonizando sus sensaciones
y regularizando sus funciones es un instrumento poderoso para
liberar a cada paciente -sin importar la especie a la que
pertenezca-, de sus sufrimientos, tanto físicos como
psíquicos, permitiendo así la manifestación
plena de su SER verdadero, contribuyendo al total desarrollo
de sus potencialidades vitales. El perro podrá ser
plenamente perro, el gato plenamente gato, y así para
todas las especies.
Cada uno, desde ese lugar de equilibrio, de
armonía, tendrá a su disposición toda
su capacidad de adaptación a las circunstancias cambiantes
de la vida. Tales circunstancias, a veces conformadas por
el SER HUMANO, voluntaria o involuntariamente, con mayor o
menor conciencia, como consecuencia de la relación
directa con su COMPAÑERO NO HUMANO, o debidas a la
incomprensión de la sociedad en la cual a este ser
indefenso le toca vivir, podrían ser factores desencadenantes
de enfermedades cuando la capacidad natural de adaptación
no estuviera funcionando adecuadamente.
El médico homeópata (o el médico
veterinario homeópata) tiene a su disposición
las herramientas técnicas para detectar y tratar las
predisposiciones antes de presentarse las enfermedades o,
una vez presentes, tratarlas modificando ese terreno predisponente,
esa tendencia, esa susceptibilidad de la cual la enfermedad
presente es sólo la última consecuencia.
Para ello el médico veterinario homeópata
necesita conocer profundamente la naturaleza de la especie
a la cual pertenece su paciente, para detectar los comportamientos
inadecuados, descubrir sus causas y comprender cuáles
son las emociones o sensaciones que los ocasionan, para así
poder elegir el medicamento apropiado para cada caso y luego
evaluar correctamente su evolución.
De esta manera la Homeopatía cura y previene.
Favorece la recuperación de la salud y ayuda a mantenerla,
promoviendo un estado de armonía, bienestar y felicidad
duraderos, dando al individuo la libertad que necesita para
dedicarse a desarrollar plenamente las potencialidades de
su vida.
Por eso podemos decir que la Homeopatía,
más allá del cuerpo, más allá
de las emociones y de las sensaciones, es una MEDICINA del
SER, o mejor una MEDICINA PARA el SER aplicable a cualquier
especie animal, HUMANA O NO.
Quien, como veterinario, ha comprendido los
alcances de la medicina homeopática aplicada al tratamiento
de nuestros hermanos no humanos, difícilmente se preste
a emplear el conocimiento adquirido para beneficio de quienes
lucran con el sufrimiento de seres indefensos.
Ya experimenté esa función.
En los comienzos de mi práctica como
homeópata fui el “veterinario de moda”entre
los criadores de perros de Buenos Aires y alrededores. Gracias
a Dios, las modas pasan y los animales tenemos la capacidad
de aprender con la experiencia. Durante más de un año
traté, homeopáticamente, a los animales de un
tambo en la provincia de Buenos Aires. La presentación
de abortos y retenciones placentarias disminuyó, la
mortandad de terneros precozmente destetados fue menor, se
redujeron las infecciones podales y las mastitis, y el uso
de antibióticos, antisépticos y otros productos
veterinarios se redujo notablemente. La calidad de la leche
producida mejoró mucho, por ausencia de sustancias
indeseables, y con ella el precio de venta obtenido por el
tambero. Al parecer, un éxito total. Sin embargo, no
continué con ese tipo de trabajo.
La búsqueda por parte del público
consumidor de alimentos “orgánicos”, libres
de contaminantes, tantas veces con un alto precio de mercado
para un presupuesto medio, en relación a los no orgánicos,
ha hecho que la homeopatía sea cada vez más
buscada por los productores agropecuarios, como alternativa
médica para el control sanitario de sus establecimientos,
mejorando así sus posibilidades de lucro. Como consecuencia,
los veterinarios buscan y las escuelas ofrecen los conocimientos
necesarios para realizar ese trabajo. La mayoría de
los colegas van detrás de la posibilidad de obtener
una manera de ejercer su profesión que le asegure una
estabilidad financiera y, cuando descubren el tesoro de la
“medicina alternativa”, no quieren quedar fuera
de esa tendencia.
Cuando pienso en esta realidad no puedo dejar
de recordar la impresión (fuerte y desagradable) que
me causó el comentario oído de boca de un médico
aspirante a homeópata.
Corría el mes de diciembre de 1972. La
ceremonia de cierre del primer año del curso de la
recientemente inaugurada Escuela Media Homeopática
Argentina coincidió con un homenaje al Dr. Tomás
Pablo Paschero quien, concluyendo su período como Presidente
de la Liga Médico Homeopática Internacional,
había sido nombrado Presidente Honorario de dicha institución.
Todos los alumnos de ese primer año de la escuela concurrimos
a la cena que se desarrolló en el Plaza Hotel de la
ciudad de Buenos Aires. Terminado el evento nos retirábamos
del lugar y, saliendo por el vestíbulo del hotel, pasamos
junto a las vidrieras de la famosa joyería Ricchiardi.
Fue entonces cuando oí el comentario que uno de mis
compañeros de clase, médico, le hizo a su mujer:
“Podés ir eligiendo la joya que voy a comprarte
cuando sea homeópata”. Aquel compañero
de clase no terminó el curso. Debió haber descubierto
otras formas más rápidas y eficientes de ganar
dinero fácilmente. Tal vez en otra escuela que le enseñase
a usar la homeopatía con esos fines. No tuve más
noticias de él. Ni las necesito.
Yo no podría usar los instrumentos de
la Homeopatía dándoles un cierto “bienestar”a
mis pacientes para beneficio de sus explotadores. Me sentiría
como uno de esos médicos, al servicio de gobiernos
autoritarios y represores, que se ocupan de mantener vivos
a los prisioneros torturados, y los curan y alivian con el
fin de que pueda obtenerse de ellos la mayor cantidad posible
de información.
El bien y el mal se refieren a la vida misma.
La conducta que contribuye a alcanzar las metas naturales
propias de un organismo es recta; la que lo impide es mala.
La sanción a la mala conducta biológica es
el dolor. No conseguir las metas morales y espirituales
que la experiencia de la especie considera más elevadas,
acarrea las formas más sutiles de pesadumbre y dolor.
En el plano moral, es bueno cuanto ayuda a realizar más
plenamente las posibilidades de la vida, y malo cuanto lo
estorba. (Edmund Sinnott. La biología del Espíritu).
“Primero no hacer daño.”
( Hipócrates).
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